El problema con "come mejor y vivirás más"
En la farmacia veo a diario el resultado de décadas de consejos nutricionales contradictorios: pacientes polimedicados que han seguido «la dieta de moda» de cada época. La pregunta que me hacen no es qué es la dieta mediterránea. Es: «¿de verdad funciona?» Este artículo intenta responderla de forma honestidad.
Existe una revisión sistemática que buscó específicamente qué patrón dietético llevan las personas que alcanzan los 100 años. La conclusión fue lacónica: no encontró ningún estudio que cumpliera criterios metodológicos mínimos para responder esa pregunta. Revisión sistemática vacía, la denominaron. Eso no significa que la dieta no importa —la evidencia sobre dieta y mortalidad prematura es sólida—. Significa que la pregunta específica sobre longevidad extrema y alimentación está prácticamente sin responder. Y esa distinción cambia todo.
"Come bien y vivirás más."
La frase es técnicamente cierta en su dirección general. Y precisamente por eso es peligrosa: oculta lo que la ciencia puede y no puede decir sobre la relación entre dieta y longevidad.
La conversación pública sobre alimentación y longevidad comete dos errores en direcciones opuestas. El primero es el reduccionismo de nutrientes: "el aceite de oliva alarga la vida", "la fibra es la clave". El segundo es la overpromise de patrones: "sigue la dieta mediterránea y vivirás décadas más", "las Blue Zones revelan el secreto de los centenarios". Ambos distorsionan una evidencia que es más matizada, más honesta y, en cierta medida, más interesante que cualquiera de esas narrativas.
Este artículo parte de una distinción que rara vez aparece en la divulgación sobre el tema: los datos son sólidos en la asociación de patrones dietéticos saludables con menor mortalidad prematura y mejor envejecimiento funcional. Pero son prácticamente inexistentes cuando la pregunta es sobre longevidad extrema —vivir hasta los 90, 95 o 100 años. Son preguntas distintas con evidencia distinta, y tratarlas como equivalentes es el error más frecuente del campo.
Lo que este artículo puede responder: qué patrones dietéticos se asocian con menos mortalidad y mejor función en la vejez, y qué dicen los modelos de cuantificación del beneficio y la evidencia sobre restricción calórica. Lo que no puede responder —porque los datos no existen— es si una dieta específica aumenta directamente la probabilidad de alcanzar los 100 años.
¿Qué relación hay entre la dieta y vivir más años?
El fracaso del nutriente aislado
Durante décadas, la investigación nutricional intentó identificar el nutriente específico responsable del beneficio dietético. Los resultados han sido sistemáticamente decepcionantes: los compuestos bioactivos aislados no reproducen de forma consistente los beneficios observados cuando se consumen en su matriz alimentaria original.
Una explicación consistente con estos resultados es que los alimentos no son la suma de sus partes. Los compuestos bioactivos interactúan entre sí y con la microbiota intestinal de formas que los estudios de nutrientes aislados no pueden capturar. La biodisponibilidad de un nutriente depende de la matriz alimentaria completa en la que viene. Un tomate no es simplemente licopeno, y tratar de reducirlo a ese componente pierde lo esencial. [[1]]
Este fracaso sistemático del reduccionismo impulsó el cambio hacia la investigación de patrones alimentarios globales: en lugar de preguntar "¿qué hace un nutriente específico?", preguntar "¿qué ocurre con las personas que comen de cierta manera durante décadas?".
Qué es un patrón dietético y cómo se mide
Un patrón dietético es una caracterización de la alimentación habitual global, no de la ingesta de un nutriente concreto. Los investigadores los miden mediante índices de calidad que puntúan el conjunto de la dieta: el AHEI (Alternate Healthy Eating Index), el MED score (adherencia mediterránea), el DASH y el hPDI (healthy Plant-based Diet Index) son los más usados en investigación de longevidad.
Todos comparten un denominador: valoran positivamente las frutas, verduras, legumbres, frutos secos, cereales integrales, pescado y grasas insaturadas; penalizan los ultraprocesados, carnes procesadas y azúcares añadidos.
Esta multiplicidad de índices es, en sí misma, una limitación importante: los estudios usan definiciones diferentes de "dieta saludable", lo que dificulta la comparación directa y hace imposible afirmar que existe una "dieta óptima única". Lo que la evidencia muestra es una familia de patrones con denominadores comunes, no una prescripción universal.
Evidencia comparada por patrón dietético
| Patrón | Evidencia longevidad | Evidencia mortalidad CV | Grado GRADE | Limitación clave |
|---|---|---|---|---|
| Mediterránea | Moderada (prevención 2ª) | Alta — RCTs (PREDIMED) | A (prevención 2ª) / B (prevención 1ª) | Contaminated control en PREDIMED; falta blinding |
| DASH | Moderada | Moderada — meta-análisis | B | Diseñada para HTA, no para longevidad |
| Plant-forward | Moderada | Moderada — cohortes | B | Definición heterogénea |
| Restricción calórica | Baja (humanos) | Baja | B surrogates / C mortalidad | Seguimientos cortos; adherencia |
| Blue Zones | Muy baja | Muy baja | D | Solo evidencia ecológica |
| Dieta occidental / ultraprocesados | — | Negativa | B (daño en biomarcadores) | Causalidad no completamente demostrada |
Lo que la ciencia sabe: menos mortalidad, más años funcionales
Nota GRADE: La evidencia sobre patrones dietéticos y mortalidad proviene fundamentalmente de estudios de cohortes y meta-análisis de observacionales, cuyo punto de partida en GRADE es C (Baja). Factores de aumento —gradiente dosis-respuesta documentado y consistencia cross-poblaciones— elevan la calidad a B (Moderada). La excepción es la dieta mediterránea en RCTs de prevención secundaria cardiovascular, que sí alcanza Grado A (ver sección específica).
Menos mortalidad, más años funcionales
La asociación entre patrones dietéticos saludables y menor mortalidad total es una de las más consistentes en epidemiología nutricional. Patrones ricos en frutas, verduras, legumbres, frutos secos, cereales integrales, aceite de oliva y pescado, con baja ingesta de carnes procesadas, azúcares añadidos y ultraprocesados, se asocian de forma robusta con menor mortalidad por todas las causas y menor mortalidad cardiovascular en grandes cohortes y meta-análisis. [[2]][[3]]
Pero la evidencia no se limita a sobrevivir más años. Alta adherencia a ocho patrones dietéticos saludables se asocia con mayor probabilidad de "envejecimiento saludable" —mantener función física, cognitiva y mental preservadas viviendo hasta los 70-75 años sin enfermedades crónicas mayores. [[3]] Esta es la dimensión del healthspan que interesa a Muana Lab: no solo vivir más, sino vivir mejor en los años que se viven.
En personas mayores, mayor diversidad alimentaria con buena calidad proteica —documentada principalmente en cohortes de edad avanzada— se asocia con mayor longevidad y menor fragilidad. [[4]][[5]] En supervivientes de cáncer, la evidencia es especialmente clara: alta adherencia post-diagnóstico a patrones saludables se asocia con reducción de mortalidad total en torno al 20-25%, mientras que patrones occidentales la aumentan aproximadamente un 50%. [[5]]
Dieta mediterránea: prevención primaria vs. secundaria — la diferencia crítica
Conviene señalarlo desde el principio: la dieta mediterránea se ha probado principalmente en prevención secundaria —en personas que ya han tenido un evento cardiovascular, no en población general sana. La extrapolación a longevidad en población general es razonable pero inferencial, y esta distinción debe mantenerse activa.
Dicho esto, un meta-análisis publicado en European Heart Journal (2025) encontró que, en ese contexto específico de prevención secundaria cardiovascular, solo los RCTs de dieta mediterránea muestran reducción de mortalidad cardiovascular de forma consistente; otras intervenciones dietéticas ensayadas en ese mismo contexto no ofrecen efectos equivalentes en ensayos aleatorizados. [[6]]
La dieta mediterránea no es "la mejor dieta" en términos absolutos. Es la que tiene el nivel más alto de evidencia en el contexto donde se ha podido probar con mayor rigor experimental. Esa es la afirmación correcta, ni más ni menos.
El escándalo PREDIMED 2018 y la corrección: por qué importa para la credibilidad
En 2018, el estudio PREDIMED —el mayor ensayo clínico sobre dieta mediterránea— tuvo que ser parcialmente retractado y republicado tras detectarse irregularidades en la aleatorización en algunos centros. El estudio corregido (PREDIMED retraction and republication) mantuvo las conclusiones principales, pero con un efecto algo atenuado. Este episodio es relevante por dos razones: primero, ilustra el funcionamiento de la autocorrección científica; segundo, subraya por qué la evidencia sobre prevención primaria sigue siendo Grado B y no A — la confianza en los resultados de PREDIMED en ese contexto es correctamente moderada.
Patrones subóptimos y aceleración del envejecimiento biológico
La evidencia no solo apunta a lo que los patrones saludables protegen, sino a lo que los subóptimos deterioran. Patrones occidentales y ricos en ultraprocesados se asocian con aceleración del envejecimiento biológico medido por relojes epigenéticos, incluso en adultos jóvenes. Un estudio en gemelos publicado en Clinical Nutrition (2024) encontró que la dieta subóptima se asocia con envejecimiento biológico acelerado incluso controlando la genética compartida —el efecto de la dieta es real e independiente, aunque su magnitud se modula por otros factores de estilo de vida correlacionados. No desaparece al controlar genética; se atenúa. [[7]]
La adherencia a la dieta mediterránea y mayor consumo de frutas, verduras y frutos secos se asocia con menor acortamiento telomérico, mientras que mayor consumo de cereales refinados, carnes procesadas y bebidas azucaradas se relaciona con telómeros más cortos. [[8]]
Matiz necesario: los relojes epigenéticos y los telómeros son biomarcadores de envejecimiento biológico, no predictores directos de longevidad. Su traducción exacta en años de vida no está cuantificada directamente en humanos.
¿Cuántos años puede añadir una buena alimentación? El modelo Fadnes
El dato de Fadnes et al. — leer con precisión
Estudios de modelización publicados entre 2022 y 2024 estiman que pasar de un patrón occidental típico a uno más saludable podría añadir entre 6 y 10 años de vida a los 40 años, con beneficios menores pero relevantes en edades más avanzadas. [[2]][[3]]
Lo que estos modelos son: proyecciones bajo supuestos explícitos — no datos directos de supervivencia observada.
Los supuestos que requieren: que las asociaciones observadas entre dieta y mortalidad en cohortes sean causales; que el cambio dietético se mantenga indefinidamente; que el efecto sea homogéneo entre individuos. Ninguno es falso, pero tampoco está completamente verificado.
Una de las afirmaciones más citadas en divulgación sobre dieta y longevidad es que:
"cambiar tu dieta puede darte 7-10 años de vida".
Esta frase proviene de una serie de estudios de modelización de Fadnes y colaboradores que merecen un tratamiento cuidadoso: son importantes, útiles y con frecuencia malinterpretados.
Fadnes y colaboradores han publicado entre 2022 y 2024 estudios que aplican meta-análisis de la asociación entre grupos de alimentos y mortalidad para estimar los años de vida esperada que se ganarían con cambios dietéticos sostenidos. Aplicados a diferentes cohortes y países, estos modelos sugieren que pasar de un patrón occidental típico a uno más saludable podría añadir entre 6 y 10 años de vida a los 40 años, con beneficios menores pero todavía relevantes en edades más avanzadas. [[9]][[2]]
Lo que estos modelos son: proyecciones cuantitativas bajo supuestos explícitos. No son datos directos de supervivencia observada.
Los supuestos que requieren: que las asociaciones observadas entre dieta y mortalidad en cohortes sean causales. Que el cambio dietético se mantenga indefinidamente. Que no existan confusores residuales relevantes. Que el efecto sea homogéneo entre individuos. Ninguno de estos supuestos es falso, pero tampoco está completamente verificado.
Por qué las estimaciones son orientativas, no promesas: el rango 6-10 años es una proyección poblacional. No significa que una persona concreta que cambie su dieta vivirá exactamente 8 años más. La incertidumbre individual es muy superior a la incertidumbre poblacional.
El valor real de estos modelos: son el mejor intento disponible de cuantificar la magnitud del beneficio potencial de la dieta, y la dirección es robusta. Sugieren que el impacto de la dieta sobre la esperanza de vida, si los supuestos son correctos, sería comparable al del tabaquismo o la actividad física. Eso justifica atención. La cifra exacta, sin embargo, tiene incertidumbre considerable.
Un cambio sostenido hacia patrones más saludables probablemente tiene un impacto positivo real sobre longevidad. La precisión de "cuánto exactamente" permanece abierta.
Restricción calórica en humanos: el CALERIE y sus límites
La restricción calórica —reducir la ingesta calórica habitual en un 20-30% sin malnutrición— es una de las intervenciones más estudiadas en biología del envejecimiento. En modelos animales extiende tanto healthspan como longevidad máxima de forma consistente. La pregunta es qué ocurre en humanos.
Un meta-análisis de RCTs de restricción calórica en humanos documentó mejoras significativas en peso, grasa abdominal, presión arterial, perfil lipídico, glucemia, insulina y marcadores inflamatorios. [[10]] El CALERIE trial —el ensayo más riguroso disponible, con restricción calórica del 25% durante 2 años en adultos sanos— confirmó estas mejoras cardiometabólicas.
Esto es evidencia sólida de mejora de marcadores intermedios. No es evidencia de extensión de longevidad máxima en humanos. El CALERIE duró 2 años —ilustrativo de por qué los datos de mortalidad real no existen: ningún ensayo puede seguir a personas durante décadas bajo restricción calórica controlada.
La distinción entre intervenciones relacionadas es importante: la restricción calórica, el ayuno intermitente y la dieta hipocalórica sin control son intervenciones distintas con evidencia distinta. El ayuno intermitente, por ejemplo, tiene su propia evidencia en mejora de marcadores glucémicos y metabólicos, pero tampoco cuenta con datos directos de extensión de longevidad máxima en humanos.
En personas mayores, la restricción calórica puede ser contraproducente: el riesgo de pérdida de masa ósea, sarcopenia y fragilidad es real, y los beneficios observados en adultos jóvenes sanos no se trasladan automáticamente a estas poblaciones.
Lo que la evidencia no puede afirmar
Ningún patrón dietético está probado para llegar a los 100 años
Este es el hallazgo que con más frecuencia desaparece de la divulgación sobre alimentación y longevidad, y que Muana Lab tiene la obligación de hacer visible: cuando la pregunta no es "¿esta dieta reduce mortalidad prematura?" sino "¿esta dieta aumenta la probabilidad de llegar a los 100 años?", la respuesta es que no tenemos datos.
Una revisión sistemática exhaustiva publicada en Archives of Public Health (2022) buscó estudios de cohortes y caso-control que relacionaran directamente patrones dietéticos con la probabilidad de alcanzar los 100 años. La conclusión fue una "revisión sistemática vacía": no se encontró ningún estudio que cumpliera criterios metodológicos mínimos para responder esta pregunta. [[11]]
El vacío no es sorprendente —seguir a personas hasta los 100 años con medición dietética rigurosa requiere décadas de seguimiento con cohortes enormes— pero sí es importante para la divulgación. Las afirmaciones sobre "dietas que llevan a los 100 años" extrapolan datos de mortalidad prematura a una pregunta radicalmente distinta. Hacer esa extrapolación sin señalarla es, técnicamente, una mala divulgación científica.
Lo que sí sabemos de poblaciones con longevidad excepcional —las Blue Zones— apunta hacia patrones predominantemente plant-forward con baja carga de procesados. Pero la evidencia es ecológica: estas poblaciones también comparten actividad física habitual integrada en el estilo de vida, conexión social fuerte y, en algunos casos, características genéticas específicas. Separar el efecto de la dieta del efecto de todos estos factores es metodológicamente imposible con los datos disponibles.
La causalidad no está completamente establecida
La evidencia sobre dieta y longevidad es fundamentalmente observacional. Las personas que siguen patrones saludables también tienen, en promedio, mayor nivel educativo, mayor actividad física, menor estrés crónico y mejor acceso a atención médica preventiva. Los análisis ajustan por estos factores, pero el ajuste completo de confusores es imposible.
El estudio de gemelos [[7]] ilustra este punto con precisión: el efecto de la dieta persiste incluso controlando la genética compartida, lo que confirma que es real e independiente. Pero su magnitud se reduce al considerar otros factores de estilo de vida correlacionados, lo que indica que no opera en el vacío.
Los RCTs de longevidad son, en términos prácticos, imposibles: un ensayo de 40 años con mortalidad como desenlace primario en población general no es factible. Los datos que tenemos son lo mejor disponible.
No existe una "dieta óptima universal"
La heterogeneidad de índices dietéticos no es solo complejidad metodológica: refleja que múltiples patrones bastante distintos entre sí muestran asociaciones similares con menor mortalidad. La dieta mediterránea, la DASH, las dietas plant-forward saludables y las dietas asiáticas tradicionales de calidad comparten denominadores sin ser idénticas.
Lo que importa no es el nombre de la dieta sino los principios que la caracterizan: densidad de alimentos vegetales mínimamente procesados, baja carga de ultraprocesados y carnes procesadas, y variedad de fuentes. Una prescripción única y universal no tiene el respaldo que muchos mensajes de divulgación implican.
Precauciones: lo que requiere contexto y supervisión
El riesgo de ortorexia
Este artículo puede reforzar en algunos lectores una relación ansiosa con la alimentación. La evidencia apunta a patrones sostenidos y accesibles, no a perfeccionismo dietético. La adherencia imperfecta durante décadas supera en impacto real a la adherencia perfecta durante meses.
Accesibilidad desigual
Los patrones con mejor evidencia requieren acceso a alimentos frescos, tiempo para prepararlos y recursos económicos. Los estudios de referencia son principalmente de países de ingresos altos. Las barreras estructurales al acceso a alimentación saludable son un determinante de salud tan importante como las elecciones individuales.
Poblaciones específicas que requieren atención diferenciada
Personas mayores (donde la restricción calórica puede ser contraproducente y la calidad proteica cobra especial importancia), supervivientes de cáncer (que se benefician de seguimiento nutricional especializado), y personas con comorbilidades digestivas o metabólicas complejas.
Restricción calórica y historial de trastornos alimentarios
Contraindicada sin supervisión en personas con bajo peso, fragilidad, osteoporosis, o historial de trastornos alimentarios.
Aplicación práctica prudente: qué tiene sentido hacer
Lo que tiene el mejor respaldo para la mayoría de adultos sanos no requiere etiquetar la dieta ni seguir un protocolo concreto:
Aumentar la densidad de alimentos vegetales mínimamente procesados. Frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales son el denominador común de todos los patrones con asociaciones positivas. Cualquier movimiento en esa dirección apunta hacia lo que la evidencia sugiere.
Reducir ultraprocesados y carnes procesadas. La consistencia de los datos sobre el impacto negativo de estos alimentos sobre marcadores de envejecimiento y mortalidad es sólida a través de múltiples estudios y poblaciones.
Priorizar la diversidad, especialmente en mayores. La evidencia apunta a la variedad con buena calidad proteica —no a la restricción— como predictor de longevidad y función preservada en edad avanzada.
La sostenibilidad supera a la intensidad. La evidencia más fuerte es la de patrones mantenidos durante décadas, no intervenciones intensivas a corto plazo. Un cambio modesto y sostenido tiene más impacto esperado que un protocolo riguroso que no se puede mantener.
Lo que no tiene respaldo como estrategia de longevidad en personas sanas sin indicación clínica: restricción calórica agresiva sin supervisión, eliminación de grupos alimentarios completos basándose en nutrientes aislados, suplementos o alimentos específicos presentados como "alargadores de vida".
Conclusión: certezas y límites
Lo que sabemos con certeza (Grado A):
Patrones dietéticos saludables —plant-forward, mínimamente procesados, bajos en ultraprocesados y carnes procesadas— se asocian consistentemente con menor mortalidad total y cardiovascular en grandes cohortes. Alta adherencia se asocia con mayor probabilidad de envejecimiento saludable. La dieta mediterránea es el único patrón con reducción de mortalidad cardiovascular demostrada en RCTs, en prevención secundaria. Patrones subóptimos y ricos en ultraprocesados aceleran el envejecimiento biológico medido por biomarcadores.
Lo que es probable pero requiere matiz (Grado B):
Cambios sostenidos hacia patrones más saludables pueden añadir varios años de vida. Los modelos de Fadnes et al. (6-10 años a los 40) son proyecciones orientativas bajo supuestos, no garantías individuales. La restricción calórica moderada mejora marcadores cardiometabólicos e inflamatorios, sin evidencia de extensión de longevidad máxima en humanos.
Lo que aún no sabemos (Grado C):
Si patrones dietéticos específicos aumentan directamente la probabilidad de alcanzar los 100 años —no existe evidencia directa. Cuál es la "dieta óptima universal" —la heterogeneidad individual e índice impide una prescripción única. En qué medida los beneficios observados son causales o marcadores de estilos de vida más amplios.
La dieta perfecta no existe en los datos. Sí existe el patrón que la mayoría de las evidencias señala: más alimentos vegetales integrales, menos ultraprocesados, sin dogmatismo de macronutrientes.
Lo que la ciencia puede decir con solidez sobre dieta y longevidad no es «sigue este protocolo y vivirás más». Es: «con este tipo de alimentación, las probabilidades de llegar funcional a los 80 son estadistísticamente mejores en poblaciones. Tu caso individual tiene más variables.»
Resumen
- Los patrones dietéticos saludables (plant-forward, mínimamente procesados) se asocian consistentemente con menor mortalidad y mayor probabilidad de envejecimiento saludable. La causalidad es inferida razonablemente, no demostrada experimentalmente en su totalidad.
- La dieta mediterránea es el único patrón con reducción de mortalidad cardiovascular en RCTs, en el contexto de prevención secundaria. El resto de la evidencia es observacional.
- Los modelos de Fadnes et al. estiman 6-10 años de vida ganados al pasar de una dieta occidental a una más saludable. Son proyecciones orientativas bajo supuestos, no garantías individuales.
- La restricción calórica mejora marcadores intermedios en humanos. No tiene evidencia de extensión de longevidad máxima. El CALERIE trial, el más riguroso disponible, duró 2 años.
- No existe evidencia directa que relacione patrones dietéticos con la probabilidad de alcanzar los 100 años. La revisión sistemática exhaustiva sobre esta pregunta no encontró estudios que cumplieran criterios mínimos.
- No existe una "dieta óptima universal". Múltiples patrones con denominadores comunes muestran beneficios similares. La sostenibilidad supera a la precisión del protocolo.
Preguntas frecuentes sobre dieta y longevidad
¿La dieta mediterránea alarga la vida?
Es el patrón con más evidencia, pero en un contexto específico: prevención secundaria cardiovascular (personas que ya han tenido un evento cardiovascular). En prevención primaria, la evidencia es Grado B — sólida pero observacional. Ningún RCT ha probado la mediterránea en población general sana con mortalidad como desenlace primario. [[6]]
¿Vale la pena la restricción calórica para vivir más?
Mejora marcadores cardiometabólicos e inflamatorios de forma documentada. [[10]] No tiene evidencia de extensión de longevidad máxima en humanos. En personas mayores puede ser contraproducente por el riesgo de sarcopenia y fragilidad. Sin indicación clínica específica, no está justificada como estrategia de longevidad autónoma.
¿Qué comen las personas que viven más de 100 años?
Las Blue Zones apuntan a patrones plant-forward con baja carga de procesados. Pero la evidencia es ecológica: estas poblaciones también comparten actividad física habitual, conexión social fuerte y, en algunos casos, características genéticas específicas. Separar el efecto de la dieta es metodológicamente imposible con los datos disponibles. [[11]]
¿En qué se diferencia la mediterránea de la DASH?
Comparten denominadores comunes (alta ingesta de vegetales, frutos secos, legumbres; baja en ultraprocesados) pero con énfasis distintos. La DASH fue diseñada específicamente para reducir la presión arterial, con mayor énfasis en limitar el sodio. La mediterránea incluye aceite de oliva como grasa principal y consumo moderado de vino en los estudios originales. Los beneficios observados son similares en mortalidad cardiovascular.
[[1]]: Leitão C, Mignano A, Estrela M, et al. The Effect of Nutrition on Aging—A Systematic Review Focusing on Aging-Related Biomarkers. Nutrients. 2022;14(3):554. https://doi.org/10.3390/nu14030554
[[2]]: Fadnes LT, Celis-Morales C, Økland JM, et al. Life expectancy can increase by up to 10 years following sustained shifts towards healthier diets in the United Kingdom. Nature Food. 2023;4. https://doi.org/10.1038/s43016-023-00868-w
[[3]]: Tessier AJ, Wang F, Korat AA, et al. Optimal dietary patterns for healthy aging. Nature Medicine. 2025;31. https://doi.org/10.1038/s41591-025-03570-5
[[4]]: Zhang J, Wang Q, Hao W, Zhu D. Long-Term Food Variety and Dietary Patterns Are Associated with Frailty among Chinese Older Adults. Nutrients. 2022;14(20):4279. https://doi.org/10.3390/nu14204279
[[5]]: Spei ME, Bellos I, Samoli E, Benetou V. Post-Diagnosis Dietary Patterns among Cancer Survivors in Relation to All-Cause Mortality and Cancer-Specific Mortality. Nutrients. 2023;15(17):3860. https://doi.org/10.3390/nu15173860
[[6]]: Griep O, Cruijsen E, Goldberg A, et al. Healthy dietary patterns for the secondary prevention of cardiovascular diseases. European Heart Journal. 2025. https://doi.org/10.1093/eurheartj/ehaf784.3866 (Resumen de congreso ESC 2025, pendiente de publicación completa como artículo)
[[7]]: Ravi S, Kankaanpää A, Bogl L, et al. Suboptimal dietary patterns are associated with accelerated biological aging in young adulthood: A study with twins. Clin Nutr. 2024;45. https://doi.org/10.1016/j.clnu.2024.12.018
[[8]]: Rafie N, Hamedani SG, Barak F, Safavi SM, Miraghajani M. Dietary patterns, food groups and telomere length: a systematic review. Eur J Clin Nutr. 2017;71. https://doi.org/10.1038/ejcn.2016.149
[[9]]: Fadnes LT, Arjmand E, Økland JM, et al. Life Expectancy Gains from Dietary Modifications: A Comparative Modelling Study in Seven Countries. Am J Clin Nutr. 2024. https://doi.org/10.1016/j.ajcnut.2024.04.028
[[10]]: Caristia S, De Vito M, Sarro A, et al. Is Caloric Restriction Associated with Better Healthy Aging Outcomes? A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials. Nutrients. 2020;12(8):2290. https://doi.org/10.3390/nu12082290
[[11]]: Poulsen W, Christensen K, Dalgård C. Dietary patterns and survival to 100 + years: an empty systematic review of cohort and case–control studies. Arch Public Health. 2022;80. https://doi.org/10.1186/s13690-022-00914-2
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